
Creo que todos estamos de acuerdo en que los conflictos suelen aparecer por falta o problemas de comunicación. Escuchar, pensar la respuesta y hablar de forma clara y entendible para nuestro interlocutor es crucial para minimizar el riesgo de malentendidos.
Las habilidades, como la habilidad para conversar, son un factor decisivo sobre cómo se desarrollan diferentes experiencias durante el curso de la vida profesional. Algunos ejemplos son:
Atraer clientes y convencerlos de quedarse en tu clínica.
Elegir miembros de tu equipo a través de entrevistas, retenerlos y mantener la moral de tus colaboradores.
Manejar, organizar y delegar tareas diariamente.
Reunir buenas críticas de tu equipo y clientes para hacer mejoras.
Explicar los diagnósticos y tratamientos de forma comprensible para los clientes.
Conversar es, de hecho, una habilidad fundamental que afectará literalmente cada área de la clínica. Sin embargo, no hay una clase para saber charlar y rara vez nos tomamos la oportunidad de criticar honestamente cómo hablamos.
Cambios que puedes ir haciendo
Afortunadamente, hay algunos hábitos y consideraciones generales que te pueden ayudar a ser un mejor hablante:
No finjas con gestos que estás poniendo atención. Ponla de verdad, con tus 5 sentidos. Cuando conversas, no solo debes esperar la oportunidad de volver a hablar; escucha realmente lo que la otra persona te está diciendo, “procésalo” y responde adecuadamente. Entenderás más claramente lo que tu interlocutor quiere decirte.
Es una de las claves más importantes. Haz preguntas abiertas que obliguen al interlocutor a dar información valiosa. No preguntes “¿Te gusta el servicio que te damos en nuestra clínica?” La respuesta será un “sí” o un “no”, lo que cierra la conversación y te da información muy poco valiosa. Mejor considera preguntar algo como “¿Qué opinas del servicio que te damos en nuestra clínica?”.
Durante el transcurso de la conversación aparecerán muchos cambios de tema. Deja que pasen de manera natural. Muchos pensamientos y puntos de conversación entrarán en tu mente a lo largo de la conversación, pero no debes interrumpir el flujo de la conversación para hacerlos notar a la fuerza. Tu objetivo aquí es mantener el diálogo activo, con un ritmo que se desarrolle naturalmente.
La gente espera que cumplas tu palabra, así que ten cuidado con lo que te comprometes a hacer o a decir que sabes. Por ejemplo, si un cliente te pregunta si puede sanar la patología de su mascota, no respondas “sí” solo para mantener la conversación en movimiento. En cambio, un “en este momento, aún no lo sé” es una respuesta perfectamente aceptable, siempre y cuando te comprometas a obtener las respuestas que te piden. Hacer esto te permitirá establecer expectativas más razonables y te mostrará como alguien con autoridad que sabe de lo que está hablando.
La concisión y la brevedad son unas herramientas poderosas que hacen que tus palabras sean más significativas y ayudan a mantener la conversación centrada en un solo tema. Eso no significa que debas responder en fragmentos de unas pocas palabras, pero sí quiere decir que debes evitar sacar a relucir todos los detalles que no son necesarios para tus puntos finales. Por ejemplo, si necesitas hacer unas radiografías a la mascota, no te molestes en explicar todos y cada uno de los detalles de cómo vas a proceder para realizarlas. En su lugar, mantén una explicación abierta, pero simple, a menos que el cliente pida más detalles.
En resumen, se necesita tiempo para convertirse en un mejor conversador, al igual que se necesita práctica para ser el mejor en cualquier otra tarea, pero cuanto más tiempo y energía se invierta en esta habilidad, más recompensas ganarás en tus futuros compromisos.
Aunque estas 5 claves no son complicadas de aplicar, debes estar atento y concentrado para que veas sus resultados.
Es mejor evitar un malentendido que arreglar sus consecuencias.