Los 3 tres pasos para el abordaje de un paciente oncológico

La oncología es una especialidad emergente, debido a que los propietarios cada vez están más concienciados para tratar a sus mascotas, y a que los métodos diagnósticos y el abanico terapéutico, cada vez son mayores.

Debido a esto, tenemos que realizar una estandarización de los procesos de trabajo, cuyo resultado nos llevará a tener un diagnóstico certero y a poder evaluar la calidad de vida del paciente. No debemos olvidarnos que la mayoría son pacientes geriátricos, con enfermedades asociadas a su edad, pero que pueden repercutir en los tratamientos necesarios para combatir la neoplasia, e incluso puede afectarnos para la realización de métodos diagnósticos necesarios.

Para esto, tenemos que realizar tres pasos: recabar historia clínica, exploración del paciente y la utilización de las pruebas diagnósticas complementarias necesarias.

1.- Historia Clínica: Se compone de dos partes: una historia clínica general del paciente y otra específica de la lesión. La historia clínica general consta de una reseña completa, información de enfermedades previas (oncológicas o no oncológicas) del paciente, enfermedades actuales y su tratamiento y presencia de cualquier síntoma actual. En la historia específica debemos de anotar la fecha de aparición, el ritmo de crecimiento, el aspecto inicial de la lesión y su evolución, que síntomas produce y si le han aplicado algún tratamiento previo y la respuesta obtenida.

2.- Exploración: Tras realizar una exploración física general, como en cualquier patología, nos centraremos en la exploración específica de la tumoración. En caso de masas, debemos de realizar una caracterización de la misma: hay que medirla, ya sea en las tres dimensiones o por lo menos el diámetro mayor.

Medición de una masa cutánea

Además, debemos de anotar el aspecto, la consistencia, la adherencia y la relación con otros órganos o estructuras. Posteriormente, hay que realizar una exploración regional, incidiendo en los ganglios regionales. En el caso de lesiones múltiples, debemos de realizar un mapeado de las mismas (puede servirnos de ayuda una plantilla con el dibujo de un perro), y repetir todos los procesos en cada una de las mismas. Por último, debemos de identificar los posibles síntomas paraneoplásicos que padezca el animal.

3.- Pruebas Complementarias: Las vamos a dividir en tres tipos:

3.1.- Toma de muestras: son indispensables para emitir el diagnóstico. Por ello es obligatorio, en cualquier lesión susceptible de neoplasia, el realizar una citología. Es una prueba barata, rápida y muy poco invasiva, que nos puede dar mucha información. Pueden ser tomadas por punción con aguja fina (PAF), en tejidos frágiles como por ejemplo en ganglio, o bien por punción-aspiración con aguja fina (PAAF), en lesiones muy densas, con el fin de obtener más muestra, pero con mayor riesgo de contaminación sanguínea y de que dañemos las células. En los casos en sospechemos de un tumor maligno y la citología no sea diagnóstica, debemos realizar una biopsia incisional antes de la extirpación, con el fin de realizar un abordaje terapéutico lo más acertado posible. En las lesiones malignas, es necesaria, además, la citología de los ganglios regionales, más aún si están aumentados de tamaño.

Toma de biopsia incisional de un tumor subcutáneo

3.2.- Diagnóstico por Imagen: Estas pruebas son necesarias para la realización del estadio clínico, que es fundamental cuando nos enfrentemos a procesos neoplásicos malignos. Este tema puede ser muy extenso, por lo que aquí solo vamos a dar unas breves nociones.

* Radiografía: Su utilización está restringida para valoración preoperatoria, diagnóstico de metástasis pulmonares (superiores a 4 milímetros de diámetro) y diagnóstico de lesiones óseas susceptibles de ser tumores.

Rx de tórax de un gato con masa mediastínica y derrame pleural

* Ecografía: Es útil para la valoración del abdomen, tanto por la presencia de masas como linfoadenopatías abdominales. También está indicado su uso en derrames pleurales y pericárdicos. Tiene baja sensibilidad, por lo que no veamos lesiones no implica que no las haya. Es la técnica ideal para guiar la toma de muestras para citología o biopsia de estas localizaciones.

* TC: Cada vez más asequible. Suele requerir el uso de contraste yodado. Es fundamental para valorar las opciones terapéuticas de tumores orales, nasales, pulmonares y sarcomas (y otros tumores) cutáneos o subcutáneos de gran tamaño (P. ej. SAPI). Además, tiene mucha más sensibilidad para lesiones pulmonares que la radiografía convencional y en lesiones abdominales es muy útil para delimitarlas y ver relación con órganos adyacentes. Al igual que hemos visto en la ecografía, con su ayuda podemos tomar muestras citológicas o anatomopatológicas. Aunque no es la técnica de elección, en bastantes ocasiones nos ayuda al diagnóstico de tumores intracraneales. Su uso es necesario en la planificación de técnicas de radioterapia.

TC que muestra una lesión intracraneal susceptible de neoplasia

* Resonancia magnética: Menos asequible que las anteriores. Es la técnica de elección en tumores de sistema nervioso central y en tejidos blandos.

3.3.- Diagnóstico Laboratorial: Su utilidad en oncología es, básicamente, para la valoración de las condiciones generales del paciente, ya que, para el diagnóstico de enfermedades neoplásicas, está restringida a las leucemias. Es también muy importante para valorar los llamados síndromes paraneoplásicos, que cuando aparecen son un factor pronóstico negativo. 

Autor: Ricardo Ruano Barneda
Col. 4417
Acre. AVEPA
Servicio de Oncología H.V. Mediterráneo (Madrid)

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